No preguntes cómo estoy
Odio que me pregunten cómo estoy, porque no estoy bien y no me gusta mentir. Hoy me desperté con un propósito que no soy capaz de cumplir, una meta que se siente demasiado pesada. No quiero hacer nada, pero tengo que ponerme una sonrisa y salir a trabajar, no una, sino dos o tres veces. Cada día es una batalla y siento que estoy perdiendo.
Tengo frente a mí una oportunidad que muchos desearían, una de esas que construyen el futuro profesional, pero me está consumiendo. Estoy agradecida, lo estoy de verdad, pero esta oportunidad no es lo que más necesito ahora mismo. Necesito espacio, tiempo para centrarme en mí y en mis cosas, pero no sé cómo conseguirlo. No encuentro la manera de cambiar nada porque mis decisiones no son lo suficientemente firmes, no tienen la fuerza que necesito.
Además, me escondo. No quiero hablar con nadie ni interactuar, porque no me siento cómoda con el mundo ni conmigo misma. Es como si algo en mí estuviera roto. Veo la comida y siento que no puedo resistirme, como si comer fuera una especie de refugio, pero solo me hace sentir peor. Estoy desesperada, perdida en este ciclo que no parece tener fin.



Comentarios
Publicar un comentario